El internacional español Pablo Páez Gavira, conocido como ‘Gavi’, ha expresado su opinión sobre la conducta de los jugadores Nahuel Molina y Leandro Paredes, quienes protagonizaron una tangana al finalizar la final del Mundial entre España y Argentina. Gavi considera que no deberían ser «suspendidos» por su comportamiento, argumentando que forma parte de «esa parte del fútbol que es un poco más violenta», aunque admite que no ofrece «una buena imagen para los niños».
Declaraciones de Gavi sobre la tangana
En sus declaraciones a los medios, Gavi manifestó: «Te digo la verdad: no creo que tengan que ser suspendidos. Entiendo que no sea buena imagen para los críos, para los niños, pero creo que también hay esa parte del fútbol que es un poco más violenta. Quizás lo más lógico para mí sería expulsarles en el partido y ya está, pero todo es fútbol y tiene que ser así siempre».
Los incidentes tras la final
El centrocampista del FC Barcelona estuvo involucrado en la riña al término del partido celebrado en Nueva Jersey, donde España logró vencer a Argentina en la prórroga gracias a un gol de Ferran Torres (1-0). Durante el altercado, Nahuel Molina golpeó a Rodri, lo que llevó a Eric Garcia a recriminarle. Leandro Paredes sujetó a Gavi por el cuello, y este salió en su defensa, resultando derribado por el jugador argentino. También se vio involucrado Roberto Ayala, miembro del cuerpo técnico de la albiceleste, quien propinó un puñetazo en el cuello a Dani Olmo.
Homenaje a Gavi y Fabián Ruiz
Este martes, Gavi y su compañero del Paris Saint-Germain, Fabián Ruiz, fueron homenajeados en su localidad natal, Los Palacios y Villafranca, en Sevilla, por haber conquistado el título mundial. En un gesto simbólico, recibieron su peso en tomates como reconocimiento a su logro. «Me fui con 10 años a Barcelona y dejé muchas cosas aquí en mi pueblo», recordó Gavi durante la ceremonia.
Reflexiones sobre su infancia
El futbolista compartió sus recuerdos sobre su infancia, señalando: «Me acuerdo de que yo no quería irme porque estaba bien y estaba tranquilo aquí en mi pueblo. No sabía a dónde iba, pero mis padres sí y me llevaron a Barcelona. Por suerte, ahí me criaron muy bien y me pusieron las cosas claras en la cabeza y hoy sigo así».
