La selección española femenina de baloncesto femenino cerró el Mundial de Berlín con la medalla de bronce este domingo. Su seleccionador, Miguel Méndez, valoró el rendimiento del equipo y aseguró sentirse «muy contento» por el torneo realizado.
El técnico consideró que España compitió a un nivel alto y que las jugadoras mantuvieron el rendimiento pese a llegar a la cita en situaciones diferentes, incluidas algunas que arrastraban lesiones o procedían de otras competiciones.
El baloncesto femenino como trabajo colectivo
Méndez puso el foco en la juventud del grupo y en la capacidad de combinar dos estilos de juego. También destacó que las jugadoras supieron asumir su papel, adaptarse a las circunstancias y aportar durante el campeonato, más allá del peso de las individualidades.
El seleccionador quiso incluir en el éxito a quienes no viajaron a Berlín. La lista inicial estaba formada por 21 jugadoras, y Méndez recordó que varias de las descartadas podían haber estado en el Mundial. La visita de Andrea Vilaró antes de la final, explicó, supuso «un empujón mental y moral» para el vestuario.
Su análisis también alcanzó a la estructura que acompaña a la selección. Méndez citó a los entrenadores, preparadores médicos y federaciones autonómicas que trabajan con las jugadoras durante el año, así como a quienes participan en las categorías Sub-16, Sub-17, Sub-18 y Sub-20.
Méndez se queda con el camino hasta el bronce
Preguntado por el momento más importante del Mundial, el seleccionador prefirió no escoger uno. Para él, el valor estuvo en el recorrido completo y en la convivencia del grupo durante un mes y medio fuera de casa, tanto en los entrenamientos como fuera de ellos.
Méndez admitió que las medallas pueden perder protagonismo con el tiempo, pero defendió que las experiencias compartidas permanecen. También agradeció la implicación de los medios de comunicación con el equipo y subrayó que el bronce es el resultado del trabajo de muchas personas.