El Festival de la Celestina, con el que el toledano municipio de La Puebla de Montalbán revive la España de Fernando de Rojas, ha bajado este sábado el telón invocando a la unión del pueblo para eternizar la obra de su más ilustre vecino.
«El pueblo unido, jamás será vencido», proclamaba desde el escenario, María Elena Diardes, encargada de la dirección y de la puesta en escena, antes de que la representación de ‘Celestina, voces de la memoria’, plato fuerte del festival que arrancó el pasado 22 de agosto, subiera el telón ante una abarrotada plaza Mayor.
Desde las tablas, reparó en la compleja puesta en escena de esta obra, que con cuatro escenarios reta a lo convencional, y dimensionó el talento de los poblanos, verdaderos protagonistas de este certamen, «cuya verdad y pasión» la llevan a pensar en el festival dentro de 100 años.
Un sueño alcanzable viendo el éxito de convocatoria que edición tras edición cosecha este festival, que une y llena de orgullo a los habitantes de este histórico municipio. Vecinos que desde hace 27 años se vuelcan con esta cita que aspira a convertirse en Fiesta de Interés Turístico Nacional para posicionarse en el mapa cultural español.
«Hay muchos forasteros», murmuraban orgullosos desde los atestados soportales de esta centenaria plaza, antes de que se apagaran las luces y las estrellas iluminaran los históricos escenarios que revivieron la oscuridad de la época retratada por Fernando de Rojas.
Sobre ellos, más de 150 voluntarios representaron esta pieza clásica de la literatura universal que, saltando entre la comedia y la tragedia, narra valores tan actuales como el amor, la hipocresía, la codicia, la lealtad o la verdad.
La pirotecnia, la música en directo y el fuego como instrumentos escénicos sirvieron para visionar las artes de Celestina, esa prostituta alcahueta que, entre la virtud y el pecado, vende su hechicería para ayudar a Calixto a conseguir los favores amorosos de Melibea.
Pero esas artes mágicas devienen en una danza de muerte y tragedia, que llega a su cénit en la torre de San Miguel, cuarto escenario de la representación. Hasta allí se desplaza el numeroso público asistente que acompaña al cortejo fúnebre y rodea a una Melibea rota, tras descubrir «lo pronto que se va el placer y viene el dolor».
Con el Requiém de Mozart como colofón, Pleberio, padre de Melibea, en su lamento por el destino fatal de su hija, termina cuestionando la condición del mundo, calificándolo de «feria de engaños», reflexión que pone el punto y final a la magna obra de Fernando de Rojas, todo un profeta en su tierra.