La Policía Nacional ha llevado a cabo una operación en Zaragoza que ha resultado en la detención de cuatro individuos, acusados de ser los responsables de varios delitos, incluyendo pertenencia a grupo criminal, estafa, falsedad documental y blanqueo de capitales.
Operación Nelson y su origen
La investigación, conocida como ‘Operación Nelson’, comenzó tras una denuncia presentada por una importante entidad bancaria. Esta alerta se activó al detectar una serie de actividades fraudulentas que implicaban el ingreso de cheques y pagarés que habían sido previamente sustraídos y manipulados en diferentes oficinas bancarias de Zaragoza.
Detalles de los fraudes detectados
En un primer momento, se identificaron tres delitos, con un intento de fraude que superaba los 38.000 euros. Gracias a las acciones rápidas de los agentes, se lograron bloquear o recuperar 22.500 euros, lo que dejó un perjuicio económico consumado de casi 16.000 euros.
Posteriormente, las gestiones de la investigación llevaron a descubrir un nuevo hecho relacionado en Madrid, donde fue arrestada una «mula bancaria» que intentaba ingresar un pagaré falsificado de casi 7.000 euros, el cual estaba vinculado a la misma remesa de documentos manipulados que se estaba investigando.
Estructura del grupo criminal
Las indagaciones realizadas por los agentes permitieron establecer la presunta existencia de un grupo criminal operando en diversas provincias de España. Este grupo operaba con funciones claramente diferenciadas según la especialización de sus miembros y la disponibilidad de los medios de pago en cada fase de su actividad delictiva.
Modus operandi de los delincuentes
El modus operandi del grupo delictivo se desglosaba en varias etapas. En primer lugar, se llevaba a cabo la sustracción de cheques y pagarés de buzones de correo situados en polígonos industriales o empresariales, afectando a varias empresas en las provincias de Madrid, Barcelona, Alicante y Toledo. Posteriormente, los delincuentes manipulaban y falsificaban los documentos con un alto nivel de calidad, lo que permitía que algunos cheques fueran inicialmente aceptados por diversas entidades bancarias, logrando así cobrar el dinero.
Finalmente, la operación incluía la captación de «mulas bancarias», cuyos datos personales eran utilizados como beneficiarios de los efectos falsificados. El proceso concluía con el ingreso y transferencia del dinero, empleando técnicas de ingeniería financiera que ocultaban el verdadero destino de las operaciones, complicando la labor de investigación de la policía para rastrear los fondos.
