Este domingo, el Movistar Arena de Madrid ha sido el escenario de un significativo encuentro titulado ‘Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte’. En este evento, la exjugadora de bádminton Carolina Marín y la nadadora Teresa Perales han representado al ámbito deportivo, bajo la presidencia del León XIV. Al finalizar su discurso ante el Papa, ambas deportistas expresaron: «Buen partido en la vida».
Intervención de Carolina Marín
Durante su intervención, Marín ha subrayado que «el deporte, cuando se vive con integridad, es una verdadera escuela de vida». Además, ha lamentado que la sociedad contemporánea parece estar «obsesionada con el rendimiento y el éxito a toda costa, donde a veces parece que solo importa ganar dinero o batir récords».
Defensa de la alegría en el deporte
Frente a esta presión, la exjugadora ha resaltado que los deportistas desean reivindicar «la alegría limpia de jugar por el placer de jugar». También ha recordado la ilusión infantil que deben mantener, afirmando que «lo más importante en cualquier pista debe ser siempre la persona».
Valores del deporte
Asimismo, Marín ha enfatizado la importancia del respeto en la competición, señalando que «competir no significa destruir al rival». En su discurso, ha indicado que «el adversario no es un enemigo, es un compañero de viaje indispensable que al dar lo mejor de sí, nos obliga a dar lo mejor de nosotros mismos». Por ello, ha afirmado que «competir es crecer con el otro, nunca contra el otro», y ha añadido que el deporte exige «humildad en el éxito».
Reflexiones de Teresa Perales
Por su parte, Teresa Perales ha compartido su perspectiva sobre la resiliencia, afirmando que «caer no es el final del camino». Según su relato, «aceptar nuestra fragilidad y nuestros momentos difíciles no nos hace débiles, nos hace humanos». La nadadora ha subrayado que «la verdadera victoria no es ser invencibles, sino aprender a levantarnos con la ayuda de los demás».
Compromiso en el partido de la vida
Al concluir su intervención, Perales y Marín se comprometieron a seguir «jugando el partido de la vida con lealtad» y a llevar estos valores más allá de las canchas. «Muchas gracias, su Santidad, y buen partido de la vida», han expresado ambas, tras intercambiar regalos con el Pontífice, entre ellos, una raqueta de bádminton que Marín le ofreció.
